Camerino: cuando el avezo es la escena

Camerino: cuando el avezo es la escena

        Hace un par de semanas estuve presente en una de las ocho puestas en escena de la obra “Camerino o el berretín del teatro independiente”. Confieso que mi emoción de volver a las salas de teatro, luego de un enorme tiempo de aislamiento pandémico, me llenaban de altas expectativas para la obra. Y, por suerte, el resultado no me decepcionó. Del texto a la banda sonora, la adaptación de la obra “Camerino, el viento afuera” de la rosarina, actriz y dramaturga, Carolina Hall, nos deja en la piel – y en los ojos – esa sensación de reconocimiento en todes que compartimos ese amor efímero: el amor por el teatro.

El grupo Mordisco, responsable por la puesta en escena, conformado por 4 actrices con una trayectoria artística de por lo menos 15 años en la región (ellas: Sonia Bianchi, Graciela Borghetto, Alejandra Rodríguez Pez y Amanda Martínez), se apropia de los detalles de la adaptación hecha por Alejandra Rodríguez Pez que habla de las precariedades de hacer  teatro independiente en Argentina y acentúa las dificultades del quehacer artístico (tema central de la obra matriz), que se mantiene a “berretín”: del lunfardo italianesco acocolichado: idea fija, deseo vehemente, capricho, ilusión, esperanza acariciada o propósito que se forma sin fundamento racional. Berretín ese que parte constantemente a la búsqueda de asociaciones para subsistir y resistir, ya que por razones culturales y económicas (especialmente económicas) el teatro independiente es casi imposible de mantenerse únicamente con el valor de las entradas. (Me arriesgaría decir que casi cualquier puesta en escena es así).

En el caso de Camerino, la asociación viene a través de un subsidio de apoyo a la producción emergente de Escena Santafecina – hoy Industrias Culturales – otorgado en 2019, entre otros amigos y colaboradores, que según nos contaron las integrantes de “El Mordisco”, no vino sin mucha búsqueda y lucha. Ese lado del teatro independiente que nadie ve, su costura, su avezo.

Camerino o el berretín del teatro independiente trae al escenario justamente ese avezo del teatro y muestra un poco de la costura que une a los artistas a esa implacable ilusión surrealista de que “¡la función no se cancela!”. ¡Nunca!

El texto

Como ya he mencionado anteriormente, el texto de Camerino es una adaptación de la obra “Camerino, el viento afuera” de la rosarina, actriz y dramaturga, Carolina Hall en que 4 mujeres intentan llevar a cabo la obra “La casa de Bernarda Alba” a una puesta en escena con, digamos, poquísimos fondos. En la adaptación hecha por Alejandra Rodríguez Pez esta idea se acentúa ya que el número de actrices cae para tres solamente (recordemos que la obra de García Lorca cuenta con 14 personajes femeninos diferentes entre sí, lo que, de por sí, para cuatro personajes tal puesta en escena es algo casi imposible, para tres sería inimaginable).

Mientras Isabel y Clara  (personajes de Sonia Bianchi y Graciela Borghetto) se preocupan por la falta de Eva, una de las actrices de la obra – y se ocupan de chispear entre sí comentarios malsanos que van desde su experiencia amorosa hasta su propia experiencia laboral, surge Encarnación (Amanda Martínez), empleada doméstica de Clara, que de manera surreal se incorpora a la “troupe”.

Aquí entonces vemos “la costura” de  la trama, su avezo: trabajando desde una idea del “sampling” del hip hop, cuando se toma una muestra de un sonido y se incorpora a una música recién hecha completando así su sentido en un diálogo  anacrónico, la obra Camerino “ensambla”, cose, el avezo de una puesta en escena,  los bastidores, transformándola en escena principal, con la parte final de La casa de Bernarda Alba, haciendo de esta mezcla un diálogo inusitado entre una comedia actual, casi payasesca y lo trági-poético teatro lorquiano.

Desde las interpretaciones de las actrices destaco a Amanda Martínez, que tal cual su personaje, es una “principiante” en el arte de actuar obras extensas (según sus propias palabras en el post escena). La devenida de Encarnación en Adela no solo no hace sonreír pero nos emociona, sobre todo cuando, abrazada al vestuario de Andela, dice: “Ojalá que nunca deje de existir el teatro”.

No menos impresionante esta Clara (personaje interpretada por Graciela Borghetto) alcohólica, que tal cual su personaje Poncia, tiene problemas con su postura política haciendo coro a toda la opresión machista.  Piensa en desistir de la función, pero decide hacer la obra, convencida por la posibilidad de hacer múltiples personajes. Ve en la situación una posibilidad de reinventarse en escena.  La transformación de Clara en Poncia y en otros personajes (especialmente Clara, una mujer eléctrica y al borde de un ataque de nervios en Poncia, casi un cuasimodo funcional a Alba, se destaca) nos deja con esa sensación de la versatilidad que solo un buen berretín puede hacer. Aquí cabe mencionar el estupendo trabajo de cuerpo desarrollado por Borghetto en los varios devenires de la obra, haciéndolos con perfecta armonía.

La cereza del postre está en Isabel (personaje interpretado por Sonia Bianchi), que de mujer liberada y un poco histriónica se transforma en la densa, dictatorial y diabólica Bernarda Alba. El cambio de voz y postura corporal y las expresiones faciales que suavemente guiñan al Clown (más específicamente al tipo cara blanca estirado) hacen de este personaje una potencia adentro de la obra y nos impresionan.

El vestuario diseñado por Pablo Sánchez, artista plástico reconocido de la región, nos permite acercarnos a esa sensación de improviso y desprolijidad que piden estos personajes tan diferentes entre sí unidos por una sola consigna: “La obra no se cancela”.

¿Por qué más ver Camerino?

Además de la muy buena adaptación hecha por Alejandra Rodríguez Pez al texto – quién también es la directora de esta puesta en escena – varios otros motivos nos llevan a sentir un placer interesante al ver la obra.

Uno de ellos es el escenario. Diseñado por Jorge Alegre y Luisina Manattini, con cajones móviles – que ora son muebles del camerino, donde ensayan las actrices, ora se transforman en una linda pancarta de luna llena y ora son los antiguos muebles de la casa antigua y avejentada de Bernarda Alba -nos cuentan de la versatilidad necesaria advenida del bajo presupuesto. Telas diáfanas, espejos y mascarillas hacen el juego de escondite y encuentran un rol importante: el reemplazo de actores dispuestos a una función hecha a pulmón, dentro de la precariedad de fondos y de público. Candelabros y pequeños objetos que se desplazan entre manos y nos recuerdan, y advierten, que aquello no pasa de una “mise en scene”. Cada objeto funciona como una especie de personaje más, interfiere en desarrollo de las actrices, en un juego de nada se desperdicia en escena.

Las entradas de audio y luz son otro factor interesante de la obra y no pasan desapercibidos: grandilocuentes se oponen a las limitaciones del escenario;  juegan haciendo un contraste precioso y metafórico entre el deseo de grandeza  de las actrices al interpretar una de las obras más conocidas de García Lorca y la realidad económica para disponer de este sueño.

¿Hay punto negativos en la obra?

Sí, los hay. Pocos.

Hay cierta descoordinación en los tiempos de la comicidad de la obra. Por veces las actrices pierden, desde la intensidad del texto, vestuario y personificación, el eje de los tiempos de lo cómico, un poco absurdo, que sugiere el texto. Nada que no sea rápidamente rescatado por la propia comicidad de las caracterizaciones y, como dije antes, la esencia del texto. En la mayor parte de las veces ese pequeño descompás queda opacado por el conjunto de la obra.

Una obra digna de verse

Es una obra digna de verse. Desde el vestuario hasta los pequeños y notables cambios faciales de las actrices, Camerino nos deja esa sensación de que al entretejer contextos, y con ellos sueños, una cosa siempre es cierta: la magia del teatro seguirá siempre necesaria. La función no se cancela nunca. ¡Olé!

Próximas funciones:

-Seis funciones agotadas.

– Nuevas funciones a pedido del público: 27 de Marzo, 21 hs

Auditorio Casa del Bicentenario

– Valor de la entrada: 300 pesos.

-Reservas al 3482598462. O a integrantes del elenco.

Ficha técnica:

  • Actrices: Sonia Bianchi, Graciela Broghetto y Amanda Martínez
  • Dirección y dramaturgia: Alejandra Rodríguez Pez
  • Basada en la obra original de Carolina Hall, con textos de Federico García Lorca
  • Iluminación: Fernando Bais
  • Banda sonora: Cristian Wilhjelm
  • Escenografía: Jorge Alegre y Lusina Manattini
  • Maquillaje: Luisina Manattini
  • Diseño de vestuario: Pablo Sanchez
  • Realización de vestuario: Lucrecia Delgado, Evangelina Maglione,
  • Marta Lorenzón y Adrián Monzón.
  • Fotografía: Sabina Corti – Fernando Rano
  • Diseño gráfico: Emiliano Garcilazo y Alejandra Rodríguez Pez
  • Coreografía flamenca: Mirna Magri
  • Supervisión trabajo vocal: Romina Sager
  • Diseño de logo: Paula Schenone
  • Máscaras: Emiliano Beuchel
  • Duración: 45 minutos
  • Género: mixto, comedia en la parte del Camarín y realismo trágico
  • cuando vemos la obra dentro de la obra.

Por Veronica Cabral de Oliveira

 

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