Crítica Teatral: “La Vida Extraordinaria”

Crítica Teatral: “La Vida Extraordinaria”

A partir del miércoles 20 está disponible en el Cervantes online La vida extraordinaria. Esta obra se presentó con rotundo éxito y localidades agotadas en la sala Orestes Caviglia del TNC durante las temporadas 2018 y 2019. Con subtítulos en español. Además, se presentará el Detrás de escena de la obra.

Podés ver esta obra gratis en cervantes on line:  https://www.teatrocervantes.gob.ar/obra/la-vida-extraordinaria/

La palabra muerte debería reemplazarse por la palabra poesía

Por Alejandra Rodríguez Pez

 

La vida extraordinaria, escrita y dirigida por Mariano Tenconi Blanco es llevada a escena de una forma exquisita. La puesta apunta al texto, le da preponderancia, pero lo hace de una forma deliciosa, porque convierte a ese texto en música, en gesto, en suspiro.

Para empezar la música y las luces marcan presencia desde el primer instante, la pequeña luz en medio de la penumbra se dirige a la partitura y a las teclas de un piano sobre las que saltan los dedos de un pianista aún no visible, otro haz de luz se posa sobre un violín y los dedos que lo ejecutan. La melodía llena el espacio, establece el ritmo. Y comienza la voz en off. Desde ese inicio queda clara la propuesta, palabras, palabras, palabras que viajarán suspendidas en la música, música que estará involucrada en la más íntima construcción de los momentos.

La luz va circunscribiendo los espacios, se abre y nos deja ver el todo de la escena, la puesta es minimalista, bancos, tablas a modo de tobogán, por los que las actrices ascenderán y bajarán la cuesta de sus vidas, esas tablas y cubos funcionan como dispositivos multifuncionales que van haciendo las veces de universo espacial, de entorno siempre cambiante.

El paso del tiempo es tan protagonista como las palabras, junto con la luz y la disposición de esos objetos polifacéticos y los vestuarios, irá marcando los saltos temporales: asistimos a una sucesión de momentos en la vida de dos mujeres, momentos claves de profunda intensidad.
La actuación es impecable, las actrices pueden moverse cómodamente entre la comedia y la tragedia, sus voces logran dar el ritmo sonoro que sostiene la poesía de los textos, articulándose con la música.

Los vestuarios exquisitos van componiendo la “foto” de la obra, para cada actriz tendrá una paleta de colores definida: los rojos y fucsias para una, los verdes y blancos para la otra. Hay cierta “libertad” en el vestuario del final, un expresionismo, ya no se busca describir (épocas, estados, paso del tiempo) sino expresar, por eso el corte sirena, la cola, el brillo de los vestidos del final, se supone que están en una situación informal, leyendo en la librería, pero la magnificencia del vestuario acentúa la felicidad del momento, el esplendor de haber llegado a puerto, a la cita más apasionada: consigo mismas, con la otra, con las palabras.

Ese mismo expresionismo se observa en las proyecciones que aparecen esporádicamente, a veces en blanco y negro, a veces cepia, a veces filmadas como una película de los años 30, a veces simples destellos de luz.

En cuanto a la trama podemos decir que la obra nos muestra no uno sino varios conflictos en la vida de dos mujeres, a través del tiempo. Los conflictos tienen un tema en común: la comprensión y aceptación de la vida, de la muerte, de las transformaciones y del paso del tiempo, con todo lo que hay en ello de extraordinario: “cada segundo es un milagro”. Y en medio de ese tema aparece otro, tan importante como el primero: la desesperada necesidad de la belleza, una belleza rotunda, aún en la tristeza, “la muerte es el final de la metáfora”, una belleza inexpresable que finalmente, se debe expresar en poesía.

La acción se mezcla con la narración, brota desde diversas textualidades como cartas, poemas y diarios íntimos, y aún desde la voz en off de una narradora que va describiendo pasajes como si se tratase de una novela o que se detiene a analizar filosóficamente determinados temas, definiendo una tercera voz, que no es la de las actrices, y tampoco la del dramaturgo, es esa entidad ficcional compleja llamada narrador, que casi no aparece en el teatro.

Esta sobreabundancia de voces y de textos, que podría hacer naufragar a cualquier puesta que tuviera menos pericia en el manejo de los demás elementos de la escena, se sostiene por la hábil construcción de una amalgama perfecta entre música, texto, iluminación y actuación.

Ficha técnica

Con las actuaciones de Valeria Lois y Lorena Vega.
Voz en off de Cecilia Roth
Músicos en escena: Elena Buchbinder, Ian Shifres
Producción: Yamila Rabinovich
Asistencia de dirección: Ana Calvo
Coreografía: Jazmín Titiunik
Diseño audiovisual: Agustina San Martín
Música original y dirección musical: Ian Shifres
Iluminación: Matías Sendón
Vestuario: Magda Banach
Escenografía: Ariel Vaccaro
Dirección: Mariano Tenconi Blanco

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