Día Mundial de la Filosofía

Día Mundial de la Filosofía

En el año 2002, la Unesco estableció el tercer jueves de noviembre de cada año como el Día Mundial de la Filosofía, «con el propósito de recordar el gran valor que tiene la filosofía para el desarrollo de la sociedad en general, honrando las reflexiones filosóficas en todo el mundo». Para festejar este día, se proponen aquí unas consideraciones sobre el estado del arte de la filosofía de finales del siglo XX y comienzo del XXI, y algunas posibles repercusiones en los pensamientos de las instancias locales.

1. «El que no comience por el amor no sabrá jamás lo que es la filosofía»

La filosofía (sobre todo la occidental), como práctica consciente de sí misma, nace en Grecia, en el Siglo IV antes de Cristo. Aunque esta afirmación, hoy en día, puede ser problemática, dado que no existe aún un acuerdo unánime sobre su origen histórico (puesto que se discute si ya existía antes en otras partes del mundo, como en Oriente o en América antes de la colonización europea, etc).

No obstante, para dejar por el momento de lado la discusión histórica, podemos comenzar con unas reflexiones sobre el origen etimológico o definición nominal del término «filosofía».

La palabra «filosofía» proviene la unión de dos vocablos griegos: «philos», «amor» y «sophia», «sabiduría». Y en los manuales, o en las enciclopedias, se llega a la conclusión de que el origen etimológico de esta palabra es «amor a la sabiduría».

Hoy, esta expresión casi no significa nada para nosotros. O quizás sí, ya que la sabiduría tiene que ver con cuestiones que atañen a nuestro crecimiento personal o a nuestra «evolución» como personas (como se suele decir en la jerga de la autoayuda de inspiración gnóstica o New Age).

Sin embargo, más allá del anacronismo del nombre, hay un detalle que habría que tener en cuenta, pues es una especie de herencia histórica de lo que significaría hacer filosofía.

Si nos centramos en los elementos constitutivos del término (amor y sabiduría), podemos percibir cómo, sintomáticamente, estos dos elementos nos dan una pista bastante acertada de lo que es o podría llegar a ser la esencia de la filosofía.

Por ejemplo, si pensamos en una definición tradicional del amor, nadie dudaría de que este puede ser entendido, generalmente, como una forma de relación con un objeto. En este caso, el amor haría de la filosofía «un modo de relación con los saberes» —como afirma, en mi opinión, acertadamente el filósofo Walter Kohen (Cerletti, 2008, pág. 9)—. Pero es aún más sintomático que se diga «saberes» y no «conocimientos». La diferencia entre estos términos radica en que los saberes no se reducen a los conocimientos como resultados de la actividad cognitiva, sino que se refieren a las disciplinas, o más específicamente a los procedimientos que no necesariamente caen bajo la definición de lo que hoy entendemos por «conocimientos».

O, para ir al grano, esta «relación» con los saberes no sería otra cosa que lo que el filósofo Gilles Deleuze denomina —al menos, así lo entiendo yo— «plano de inmanencia» (Deleuze & Guattari, 2001, págs. 39-62); y Badiou, desde otra perspectiva, «condiciones de la filosofía» (la ciencia, la política, el arte y el amor) (Badiou, Condiciones, 2012).

Siguiendo con la perspectiva de Badiou, debemos tener en cuenta que el amor es una de las condiciones de la filosofía, y ya desde Platón fue considerada como una de las formas no lógicas para acceder a lo Absoluto.

Es más, en una especie de remake de la famosa obra de Platón (La república), Badiou pone en boca de Sócrates esta máxima memorable: «el que no comienza por el amor no sabrá jamás lo que es la filosofía» (Badiou, 2013, pág. 221).

Ahora bien, lo que esta fórmula de alguna manera aclara es la relación que existe entre el amor y la filosofía; o más exactamente, la cuestión de las condiciones subjetivas que debería poseer todo aquel que quisiera llegar a ser un filósofo.

De lo que se infiere que desear la filosofía es una condición sine qua non para que esta pueda llegar a existir. (Porque, eventualmente, puede que existan o estén dadas —por ejemplo— las «condiciones» o el «plano de inmanencia» de la filosofía; pero sin el deseo, no podría dar a luz esa existencia).

Por otra parte, esta cuestión del amor y del deseo, nos lleva a pensar directamente a la de los «amigos» y, lógicamente, a la de los «adversarios» de la filosofía.

Deleuze, por ejemplo, plantea la relación entre «los amigos del concepto» (el filósofo propiamente dicho) y el «agon», o sea, aquél que le disputa al filósofo su lugar en la polis. Así lo describe genialmente Deleuze, y cito sus propias palabras:

La rivalidad (dentro de la polis) culmina con la del filósofo y el sofista que se arrancan los despojos del antiguo sabio, ¿pero cómo distinguir al amigo falso del verdadero, y el concepto del simulacro? El simulador y el amigo: todo un teatro platónico que hace proliferar los personajes conceptuales dotándolos de los poderes de lo cómico y lo trágico […] Más cerca de nosotros, la filosofía se ha cruzado con muchos nuevos rivales. Primero fueron las ciencias del hombre, particularmente la sociología, las que pretendieron reemplazarla. Pero como la filosofía había descuidado cada vez más su vocación de crear conceptos para refugiarse en los Universales ya no se sabía bien cuál era el problema […] Después le llegó el turno a la epistemología, a la lingüística, e incluso al psicoanálisis… y al análisis lógico. Así, de prueba en prueba, la filosofía iba a tener que enfrentarse con unos rivales cada vez más insolentes, cada vez más desastrosos, que ni el mismo Platón hubiese podido imaginar en sus momentos de mayor comicidad. Por último llegó al colmo de la vergüenza cuando la informática, la mercadotecnia, el diseño, la publicidad, todas las disciplinas de la comunicación se apoderaron de la palabra concepto, y dijeron: ¡es asunto nuestro, somos nosotros los creativos, nosotros somos los conceptores! (Deleuze & Guattari, 2001, págs. 15-16)

Ahora bien, mientras que en el balance de Deleuze los adversarios que quieren ocupar el lugar de la filosofía son externos a su dispositivo, en Badiou el problema se vuelve una cuestión inmanente a la filosofía misma. Según Badiou, se correrían dos peligros dentro de este campo. El primero, es que la filosofía se confunda con alguna de sus condiciones y adopte la lógica de una de estas para hacer su labor. A esto Badiou le dio el nombre de «sutura». Según el diagnóstico badiousiano, la filosofía ha tenido diferentes momentos de sutura a lo largo de su historia (en los que se evidenció una crisis de su potencia pensadora). Para este filósofo, la filosofía es un espacio donde se piensan las verdades de su época. Estás verdades, sin embargo, no son una creación de la filosofía, sino los procedimientos genéricos que se derivan de sus condiciones, es decir, la ciencia, el arte, la política y el amor. Pero cuando la filosofía se sutura a una de sus condiciones, su campo se enrarece. Es lo que pasó, por ejemplo, con el positivismo (que es la sutura de la filosofía a la ciencia); o con el marxismo (que lo es a la ciencia y a la política); o con romanticismo y la actual filosofía del giro lingüístico (que es sutura a la condición artística o poética); o con la filosofía de Lévinas (que es sutura de la filosofía al amor).

Otro peligro de la filosofía tiene que ver con su adversario intrínseco, o sea, con el sofista. Badiou sostiene que la filosofía debe delimitarse de aquello que no lo es, pero también de aquello que no lo es pero que se le parece. Y puede afirmarse que formalmente no hay ninguna diferencia entre filósofo y sofista. Sin embargo, lo único que los diferencia es su relación el concepto de Verdad y con las verdades que se derivan de sus condiciones. Así, «el sofista, antiguo o moderno, pretende imponer […] que no hay verdad, que el concepto de verdad es inútil e incierto, ya que no hay sino convenciones, reglas, géneros del discurso o juegos de lenguaje» (Badiou, 2012, pág. 55).

2. Breve estado de situación de la filosofía de finales del siglo XX y principios del XXI

Ahora bien, en relación con lo anterior, aquí podríamos hacer mención del balance o estado del arte de la filosofía contemporánea que propone Badiou al comienzo de su libro Lógica de los mundos (Badiou, 2008, págs. 17-25) —Aunque también sobre el debate de la filosofía actual se puede consultar el libro de Dardo Scavino, La filosofía actual: Pensar sin certezas (Scavino, 1999) que es un libro accesible y que no tiene desperdicio.

Badiou afirma que, en lo que a la filosofía respecta, nuestra época se caracteriza por lo que este filósofo denomina materialismo democrático, cuya máxima es la de que: «No hay más que cuerpos y lenguajes» (Badiou, 2008, pág. 15). Pero, ¿qué significa exactamente esta tesis? Badiou lo explica del siguiente modo (cito sus palabras):

El individuo, tal como ha sido forjado por el mundo contemporáneo, sólo reconoce la existencia objetiva de los cuerpos. ¿Quién hablaría hoy en día, más que para acordarse con una retórica, de la separabilidad de nuestra alma inmortal? ¿Quién no suscribe en los hechos, en la pragmática de los deseos, en la evidencia del comercio, al dogma de nuestra finitud, de nuestra exposición carnal al goce, al sufrimiento y a la muerte? Un síntoma entre otros: los artistas, los más inventivos, coreógrafos, pintores, realizadores de videos, persiguen la evidencia de los cuerpos, de la vida deseante y maquínica de los cuerpos, de su intimidad, de su desnudez, de sus relaciones carnales y de sus suplicios. Todos ajustan el cuerpo constreñido, despedazado, ensusiado, al fantasma y al sueño. Todos imponen a lo visible el recorte de cuerpos ametrallados por el estrépito del universo. (Badiou, 2003, pág. 18)

Aquí, aparecen los términos que hoy día pululan en los discursos y retóricas dominantes en los libros de filosofía y de divulgación (postmoderno, bioética, biopolítica). De modo, que Badiou con concluye que el materialismo democrático es un materialismo «[…]el de la vida. Un biomaterialismo» (Badiou, 2008, pág. 18). De aquí se deriva la idea de que la humanidad no sería otra cosa que una subespecie de la animalidad (con todas las repercusiones políticas que esta idea conlleva, como el sometimiento acrítico, la domesticación del cuerpo, y el sometimiento a los poderes hegemónicos).

Y, además, de este reconocimiento de la animalidad del ser humano se deriva el aspecto «democrático», entendido como el consenso contemporáneo en reconocer la pluralidad de los lenguajes que supone también la igualdad jurídica, pero que niega la posibilidad de un lenguaje universalista y valga para todos los otros lenguajes.

Ahora bien, a este discurso de que «la ley de los cuerpos detenta el secreto de su propia esperanza», Badiou le contrapone la idea de una dialéctica materialista, para la cual, «No hay más que cuerpo y lenguajes, sino que hay verdades» (Badiou, 2008, pág. 20).

En otras palabras, para la dialéctica materialista, el campo de la realidad no se reduce sólo a los cuerpos y los lenguajes, sino que afirma la existencia de una tercera dimensión, la de las verdades. Sin embargo, estas verdades, no son del orden del ser, sino del devenir.

Una vez aclarado esto, Badiou propone unas tesis sobre las verdades que es bueno, por los menos, mencionar aquí:

1-«Una verdad afirma el derecho infinito de sus consecuencias, sin considerar lo que las contraría» / 2-«Todo mundo es capaz de producir en sí mismo su verdad» /3- «La universalidad de las verdades se sostiene en formas subjetivas que no pueden ser ni individuales ni comunitarias» O «En la medida en que los es de una verdad, un sujeto se sustrae a todo comunidad y destruye toda individuación». (Badiou, 2008, págs. 24-25)

Estas tesis están explicadas excelentemente por Badiou, y vale la pena leer y tener la experiencia de estos argumentos presentados por el filósofo.

 3. El paso del mitos al logos: Interrumpir el relato

Luego de esta descripción del panorama de la filosofía actual, del materialismo democrático dominante, y de la alternativa que propone Badiou en su dialéctica materialista, podemos ver que en ella se resumen todos los temas centrales de la discusión filosófica contemporánea: O sea, 1) la posibilidad de la existencia de algo que vaya más allá de-lo-que-hay, es decir, de los cuerpos y los lenguajes. 2) La cuestión de una política universalista emancipatoria e igualitarista. 3) La cuestión de la constitución de una ética de las verdades. Y 4) la cuestión de poder construir un mundo que sea diferente del que proponen los ideólogos del materialismo democrático.

En pocas palabras, la propuesta de Badiou, es la de sacar al ser humano de la constricción en la que se encuentra actualmente, y que pueda apostar por vivir de acuerdo a lo que este filósofo propone en su Ética, o sea: «vivir en Inmortal» (Cf. Badiou, Ética: Ensayo sobre la conciencia del Mal, 2004). O, para decirlo en otras palabras, el objetivo de la filosofía es la de interrumpir los relatos, sobre todo, los relatos dominantes, que son son, en el fondo, discursos de la finitud, la muerte y la resignación al capitalismo ambiente.

Ahora bien, hay una idea que anda circulando en los discursos de ciertos “filósofos” divulgadores (recuérdese que, para Badiou, es muy difícil distinguir a un filósofo de un sofista, pero por su discurso, sobre todo respecto de las verdades, a veces se los puede fácilmente distinguir) que es la de la retórica de que «todo es relato». Ciertamente, esto es una falacia, porque si todo es relato, es muy probable que nada lo sea. Esta es otra forma de decir: «No existen más que cuerpos y lenguajes», pero desde que Badiou hizo su apuesta, podemos elegir: o creemos en el discurso del materialismo democrático, y nos resignamos a lo que nos dice que hay, o bien, aceptamos la apuesta badiousiana y nos arriesgamos a vivir como verdaderos seres humanos, aceptando la tesis de la dialéctica materialista: «No hay más que cuerpos y lenguajes, sino que hay verdades».Y la apuesta entonces es encontrar la forma para poder vivir como propone Badiou, (pero ya lo propone Aristóteles en su Ética nicomáquea) en Inmortal.

BIBLIOGRAFÍA

Badiou, A. (2004). Ética: Ensayo sobre la conciencia del Mal. En T. Abraham, A. Badiou, & R. Rorty, Batallas éticas (2a reimpresión de la 1a ed., págs. 97-158). Buenos Aires: Nueva Visión.

Badiou, A. (2008). Lógica de los mundos: El ser y el acontecimiento, 2. (M. d. Rodríguez, Trad.) Buenos Aires: Manantial.

Badiou, A. (2012). Condiciones. (E. L. Molina y Vedia, Trad.) Buenos Aires: Siglo XXI.

Badiou, A. (2013). La República de Platón. (M. d. Rodríguez, Trad.) Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica.

Cerletti, A. (2008). Repetición, sujeto y novedad en la educación: Un enfoque filosófico y político. Buenos Aires: Del Estante.

Deleuze, G., & Guattari, F. (2001). ¿Qué es la filosofía? (Sexta ed.). (T. Kauf, Trad.) Barcelona: Anagrama.

Scavino, D. (1999). La filosofía actual: Pensar sin certezas. Buenos Aires: Paidós.

 

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