diciembre 06, 2023
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EL CASO DEL PROFESOR CÓRDOBA: ¿ADOCTRINAMIENTO O PROSELITISMO?

¿Es lo mismo adoctrinamiento que proselitismo?

Días atrás, en una escuela secundaria de nuestra ciudad, se presentó un caso que una gran parte de los medios locales, y algunas autoridades municipales (sobre todo, concejales), catalogaron con la figura de «adoctrinamiento». Esto se dio, porque un docente expresó su opinión sobre la cuestión de qué candidato habría que votar en las próximas elecciones (en su instancia de balotaje). El docente —respondiendo una inquietud de los/as estudiantes— los hizo reflexionar aludiendo a las medidas antipopulares que Javier Milei dio a conocer durante su campaña electoral (quita de subsidios, de jubilaciones, etc.). Sugiriéndoles, además, que se alinearan con «las clases populares», dando por supuesto que la mayoría de estos y estas estudiantes pertenecerían —de modo inconsciente— a estas clases. Cabe aclarar que esto se dio dentro del marco del espacio curricular Formación Ética y Ciudadana, razón por la cual se puede afirmar que la opinión puede ser considerada como propia de este espacio curricular.  

La cuestión se agravó cuando la grabación[1] que realizó una estudiante del curso se viralizó en las redes, y produjo la indignación y la reacción de cierto sector de la sociedad que interpretó esta intervención en clave de adoctrinamiento. Las consecuencias más inmediates de esta reacción fueron la realización de un sumario ministerial para analizar el caso y, además, una sesión del Concejo Municipal de una sanción para el mencionado docente. Presumiblemente, lo que más molestó a la opinión pública reaccionaria, fue el hecho de haber llamado «descerebrados» a los estudiantes que se pronunciaran a favor de votar por Milei.

Sin embargo, si queremos dar un poco de luz sobre esta cuestión, habría que analizar, en primer lugar, si esta situación puede ser catalogada a priori como un caso de adoctrinamiento, pues, para ello, habría que definir qué se entiende específicamente por este término. Y, en segundo lugar, habría que intentar delimitarlo de aquello que se le parece pero que lo no es.

En El adoctrinamiento: Desintegrador de la personalidad (Reboul, 1981) el prestigioso filósofo de la educación Olivier Reboul analiza el concepto de adoctrinamiento y da ejemplos pormenorizados de todos los casos que se suelen catalogar de adoctrinamiento pero que no lo son, como por ejemplo, la propaganda política, la enseñanza de alguna doctrina, el adiestramiento, el condicionamiento, y así, hasta llegar a la educación autoritaria —en contraposición a las llamadas pedagogías no directivas, desde Rousseau hasta Carl Rogers—, para luego proseguir con desarrollo de su tesis, que se podría reconstruir de la siguiente forma: El adoctrinamiento es una forma de enseñanza que, por medio de algún tipo de violencia, psíquica o física, desintegra la personalidad de un individuo para impedirle un pensamiento autónomo y crítico y que sólo acepte como válido el punto de vista de la doctrina que de esta forma se le inculca. Por este motivo, una enseñanza autoritaria, por ejemplo, no es necesariamente adoctrinamiento, ya que el destinatario de esta enseñanza tiene la posibilidad de rebelarse ante ella —cosa que por lo general sucede— (es decir, no desintegra per se la personalidad del individuo); en cambio, un tipo de enseñanzas más sutil y que parecen tener un semblante más liberal e incluso progresista, puede ser una estrategia de algún tipo de adoctrinamiento, si eso no posibilita desarrollar algún tipo de rebeldía respecto de aquello que se nos enseña. Por eso, el llamado «lavado de cerebro» es una forma de adoctrinamiento porque, justamente, a través de la violencia física y psíquica, o sea, de la eliminación de las creencias del individuo, e inculcando unas nuevas, desubjetiviza al individuo, impidiéndole todo tipo de pensamiento crítico y autónomo. Ahora bien, ¿pero, la propaganda política acaso no es un claro caso de adoctrinamiento? En el apartado que reza: «La propaganda no constituye adoctrinamiento», Reboul afirma:

Sin embargo, existe una diferencia esencial entre propaganda y adoctrinamiento […] La propaganda se dirige a las masas para obtener de ella una acción inmediata y a corto plazo: votar, comprar, manifestar, etcétera. El adoctrinamiento apunta ante todo a la creencia y se dirige, en consecuencia, a un solo individuo, o a un número restringido, para un resultado a largo plazo. Hacer que se vote a un partido es propio de la propaganda, inculcar la ideología de un partido constituye adoctrinamiento (Reboul, 1981, pág. 19).

Ahora bien, se puede pensar que el caso que estamos analizando, el profesor Córdoba estuvo tratando de “inculcar la ideología de un partido”. En realidad, en lo que pudo haber caído es en cierta forma de «enseñanza autoritaria» —como vimos más arriba—. Pero, lo que sí es evidente es que realizó un acto de propaganda política; o, dicho en nuestros términos, de proselitismo. Y, por definición, el proselitismo, no es necesariamente adoctrinamiento.

Respecto de la cuestión de la violencia física y psicológica, alguien podría preguntarse: ¿Acaso este profesor no provocó violencia psicológica por el hecho de llamar “descerebrados” a los que pretendían votar a Milei? En todo caso, por el tono que utilizó, quizá puede llegar a cierto nivel de lo que Bourdieu denomina violencia simbólica; pero este tipo de violencia no es algo que se de como proceso al nivel de los individuos, sino de cierta estructura social como, por ejemplo, destruir las creencias más íntimas de alguien para que adopte las de otro, como el caso paradigmático de la cristianización impuesta por parte de los europeos a los aborígenes americanos durante la colonización. Pero, en el caso que estamos analizando, no hay nada de todo eso. En realidad, el lenguaje, un tanto rústico, puede a veces, incluso, ser una forma de interpelar pedagógicamente a los y las estudiantes, para promover la reflexión sobre un determinado tema sobre el cual no se problematizan y que dan por sentado. Este tipo de lenguaje puede ser como un motivador para promover una posterior problematización de cuestiones instaladas y que son comúnmente incuestionadas e incuestionables. Promover el pensamiento crítico y autónomo, es el fin último de toda educación que se precie de tal.

No obstante, hay que señalar que el planteamiento del profesor Córdoba dista mucho de ser crítico, porque deja de lado el hecho de que Massa tampoco es una alternativa real para el buen destino del país. Es decir, para ser verdaderamente crítico, debería haber analizado también los pros y contras de la política de Massa, y no sólo las de Milei.

La intervención del Concejo Municipal ante el caso

Lo que llama la atención en todo este caso, es la intervención, casi excepcional del Concejo Municipal para tratar este tema. De hecho, la insistencia de algunos concejales (presumiblemente de orientación mileisista), puede interpretarse como una cortina de humo o como una estrategia para distraer a la sociedad, a través de la opinión publicada, para no tratar temas realmente importantes. Todo esto sumado al hecho de que lo que el Concejo Municipal está pidiendo al Ministerio de Educación es que sancione a un docente por haber ejercido su libertad de expresión y que, en un Estado supuestamente democrático se ponga un límite, cuando no, que se censure la libertad de cátedra de los docentes. Pero, el motivo de fondo de esta intervención del Concejo Municipal es el enojo que causó que un docente hiciera proselitismo por el candidato contrario al del espacio donde estos concejales militan.

El silencio del gremio

Por otra parte, no podemos dejar de mencionar el silencio (¿cómplice?)  del gremio docente, que aún hoy no se expidió ni a favor ni en contra. Quizás, porque este gremio piense que no tiene nada ni que ganar ni que perder con este suceso. Sin embargo, aquí se pone en juego la credibilidad de la función docente, de su legitimidad como formadora. Las denuncias de los medios y de las autoridades apuntan a un imaginario que concibe toda actitud de posicionamiento político dentro de las instituciones educativas o de la enseñanza como una actitud de «corrupción de la juventud», en el mismo sentido en que se acusó a Sócrates por haber enseñado a sus discípulos a ser críticos y a tener un pensamiento autónomo. La educación hoy, entendida de esta forma, parece estar a merced de todos los sectores reaccionarios, a los cuales, por razones obvias, no les interesa que la juventud sea ni crítica ni autónoma, sino que acepte esta realidad tal cual es, con resignación y sin la esperanza de ver algún horizonte que puede proponer la visión de una sociedad más justa e igualitaria.

Consideraciones finales

Uno de los objetivos de este texto era el de aclarar el concepto de adoctrinamiento a la luz de lo acontecido en este caso ya de público conocimiento, al que le dimos en nombre de «Caso del profesor Córdoba». Sin embargo, trayendo a colación el tema de los «descerebrados», quizás haya alguien que pueda creer que este texto fue escrito por un proselitista del massismo, lo cual, cabe aclarar, no es para nada así. No obstante, sostenemos que pese a lo que parezca esta suerte de denuncia de lo que dijo el profesor Córdoba, creemos que la acusación no sólo es injusta, sino que está fundada sobre una equivocación terminológica y conceptual; o, peor, aún, está fundada sobre bases meramente afectivas, sin ninguna mediación del pensamiento crítico y menos aún del autónomo. Si bien puede ser verdad que el profesor Córdoba puede haber deseado inculcar la idea de que deben votar a Massa y no a Milei, tal deseo está tan lejos del adoctrinamiento como, por ejemplo, mi deseo de ser —supongamos— novio de Angelina Jolie. Es decir, que alguien desee algo, no significa que ese deseo se va a plasmar súbitamente en la realidad (como lo demuestra, de manera obvia mi deseo). La prueba más contundente de que el profesor Córdoba no “adoctrinó” a sus estudiantes es el hecho de haber sido denunciado mediáticamente por éstos. Si los y las estudiantes de este profesor estuvieran adoctrinados, tengan por seguro que nunca se les ocurriría denunciar a su “líder” doctrinario. No obstante, es posible que, en este caso, el profesor en cuestión haya incurrido alguna otra falta administrativa o profesional; pero, en la que no incurrió es, justamente, en la de adoctrinamiento.

Por otro lado, nuestro posicionamiento particular, si bien no queremos que gane Milei en estas elecciones, tampoco estamos seguros de que Massa sea la alternativa para mejorar la situación de nuestro país para las «clases populares», salvo que se entiende por tales a todas aquellas personas que están sometidas al régimen de clientelismo o de nepotismo que suele ser una característica, aunque no exclusiva, de los gobiernos denominados «populistas». Aún así, creo que hay que declarar, en esta ocasión, inocente al profesor Córdoba de la acusación de adoctrinamiento. Es más, pese a lo que parezca, hay que decir que este docente actuó correctamente en cuanto a lo que les respondió a sus estudiantes. Lo único que puede ser grave —desde el punto de vista moral, pero no del ético— es que al querer que sus estudiantes eviten un error al votar a Milei no los alerte sobre el error que quizás también cometen al votar a Massa.

Por último, aclaro qué quise decir con eso de que la gravedad de la situación lo es desde el punto de vista moral pero no ético. Lo moral, es porque los métodos (en este caso el lenguaje inadecuado desde el punto de vista formal) fue motivo de escándalo para la sociedad (supuestamente, basada en las “buenas costumbres”, de donde proviene el término “moral” —en latín mos, que significa “costumbre—); en cambio, lo ético tiene que ver con el convencimiento íntimo del sujeto en sostener obstinadamente una idea pese que la sociedad no la considera correcta. Esta ética está de manifiesto en la convicción íntima de que lo mejor para nuestra sociedad, en especial para las clases populares, es en este caso votar a Massa, pese a que sea una idea errónea. Aclaro, nuevamente, que esta diferencia entre “moral” y “ética” está basada en la lectura que realiza Slavoj Žižek de La ética del psicoanálisis de Jacques Lacan.

Referencias bibliográficas

Reboul, O. (1981). El adoctrinamiento: Desintegrador de la personalidad. (A. I. Revello, Trad.) Buenos Aires: El Ateneo.

Žižek, S. (2015). Menos que nada: Hegel y la sombra del materialismo dialéctico. (A. Anton Fernández, Trad.) Akal.

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[1] Agradezco a mi amigo “Polo” Vera por facilitarme el audio que estuvo circulando por las redes sobre lo que dijo en profesor Córdoba en su clase.

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