EL COLOR MUNICIPAL DE LA ESPECULACIÓN INMOBILIARIA

EL COLOR MUNICIPAL DE LA ESPECULACIÓN INMOBILIARIA

El pasado jueves 28 de mayo de este año, se trató en el Honorable Concejo Municipal de la ciudad de Reconquista un proyecto de ordenanza por parte del Ejecutivo municipal para trasladar la Pista de Atletismo, situada entre los barrios Parque y Moreno, al sector del Camping Municipal, pero con la evidente intención de lotear el terreno del actual predio, que ya cuenta con todos los servicios públicos de una zona residencial urbanizada. Sin embargo, esto provocó la reacción de los vecinos de los dos barrios, que se oponen por tercera vez a esta iniciativa municipal, cuyo autor intelectual coincide siempre con el actual secretario de Obras y Servicios Públicos, el arquitecto Fernando Blanco. Pesa sobre la insistencia de lotear este lugar la sospecha de idear un negocio a través de la especulación inmobiliaria. En el presente artículo el autor  reflexiona sobre la esencia de la intención de trasladar este espacio público comunitario.

Cuando Badiou afirma que «el Estado no piensa», me acuerdo —por ese efecto de las leyes de asociación que tan genialmente describió Hume— de nuestros gobernantes (desde el presidente al intendente), en general, y de nuestros concejales, en particular.

Y esto no es de extrañar, porque si por pensar entendemos «el deseo de ponerle una medida al exceso», en el caso del proyecto de urbanización de la Pista de Atletismo que separa y une a la vez a los Barrios Parque y Moreno, este «exceso» sería justamente el del influjo incesante del Capitalismo salvaje, que se manifiesta en nuestra realidad cotidiana —entre otras expresiones— a través de los desmanes que, al nivel de políticas habitacionales, tiene como consecuencia lo que se conoce como especulación inmobiliaria.

El déficit habitacional que padece nuestra ciudad no es casualidad, sino que tiene relación con este modo apropiación de los bienes inmobiliarios de aquellos que se vieron afectados por las sucesivas crisis económicas y que fueron obligados por esto a rematar sus terrenos que, como en el caso del 2001 en Reconquista, fueron adquiridos por sus nuevos propietarios a precios irrisorios.

Actualmente, las cifras oficiales de —solamente— los «casos sociales» (es decir, de las personas sin empleo ni ingresos fijos) asciende a unas 10 mil familias, a lo que presumiblemente, sumándoles el resto de familias sin hogar propio, pero que no pertenecen a estos casos, se podría estimar que el 20% de la población de nuestra ciudad está en esta lamentable situación.

Con el auge del Boom sojero, muchos de los beneficiarios de las ganancias producidas por la venta de esta oleaginosa destinaron sus fondos a la compra de propiedades y terrenos en la ciudad. Esto provocó —de acuerdo con la ley de la oferta y la demanda— que los precios de los inmuebles se dispararan por las nubes. Y con ellos también aumentó de manera exorbitante el precio de los alquileres, haciendo cada vez más difícil el acceso de las personas a una vivienda dentro de los cuatro bulevares o en las cercanías de estos (eso sin contar las que deben dejar sus hogares por los altos costes de los servicios e impuestos respectivos).

Por todo esto, no es casual que la Pista de Atletismo esté en la mira de los especuladores inmobiliarios, pues se encuentra en un lugar urbanizado, con todos los servicios (agua, cloaca, luz eléctrica, asfalto) disponibles, a pocas cuadras del centro de la ciudad, etc. (Sumado al hecho de que la Municipalidad tendrá que gastar muy poco para acondicionar los lotes de acuerdo con los requisitos de urbanización actual).

A simple vista, alguien podría creer que la idea de lotear esta Pista es una estrategia de gobierno municipal de apalear el gran déficit de viviendas actual. Es cierto. Pero no nos engañemos: esas supuestos lotes nunca serán accesibles a las personas pobres, a los «casos sociales», y dudo mucho que con el alto costos de los terrenos en esta zona de la ciudad,  estos estén destinados sino a constituirse en zona residencial —a la que, por cierto, sólo tendrán acceso personas con altos ingresos y que pueden acceder a la compra de un terreno manera relativamente holgada—.

Por esta razón, sería ingenuo creer que la Municipalidad está velando por el «progreso» de nuestra ciudad. Aquí, la cuestión política de fondo es que el Estado siempre representa intereses de clase, por más que —como muchos concejales hicieron en la reunión para tratar este tema— diga ser “neutral” o estar a favor del «bien común». Porque el progreso sería la idea de alguna mejora, lo que en este caso no es tan evidente, porque llenar de casas un espacio destinado a centro comunitario no es necesariamente un avance respecto de esa mejora.

Y el «bien común» no es necesariamente que 60 familias pudientes —o hijos de estas familias— puedan acceder a terrenos en zona ya urbanizada a costa de la privación de muchas familias más de sus espacios comunitarios. Digo «espacio comunitario» porque de hecho lo es. Pero no es del todo cierto que este lugar no funcione también como «espacio verde», pues el lugar cuenta con dos cortinas de árboles, sumado una cantidad bastante respetable de otros árboles que sirven de barrera a la polución del predio del Parque Industrial —al oeste— y del Cementerio Municipal —al este—.

Creo que está de más decir que la ubicación de la Pista, además, significa un peligro por estar al oeste de la «Ruta Nacional N°11», en primer lugar, porque no es así: está, en todo caso al oeste del Bulevar Hipólito Irigoyen, que es esa misma ruta pero dentro de la ciudad, señalizado con semáforos por los menos en dos de los puntos de acceso más importantes: las calles Hábegger y Patricio Diez, y donde los que circulan por éste deben cumplir con los parámetros de circulación prescriptos para el radio de los espacios urbanos.

Además, habría que aclarar que, por más que la mayoría de los establecimientos educativos estén al este del Bulevar, eso no significa que las personas que concurren a estos establecimientos también residan necesariamente en esa misma ubicación, afirmación que hecha de la forma en que fue hecha, me parece un tanto desubicada.

Ahora bien, ¿es que acaso sólo a mí no se me pasa por alto el hecho de que este proyecto de “trasladar” la Pista de Atletismo es directamente sospechosa que tiene intenciones distintas de las que expresa y que en el fondo no es más que una excusa para hacer un importante negocio inmobiliario?

Lo cierto es que no es la primera sino la tercera vez que los vecinos de Barrio Parque y de Barrio Moreno se oponen a la intención del arquitecto Fernando Blanco de lotear este «espacio comunitario». «Hay que clarificar estos conceptos», dijo en concejal Paoletti —actual presidente del Honorable Concejo Municipal—; porque no es lo mismo «espacio comunitario» que «espacio verde». Los vecinos defienden la pista como espacio verde; en cambio, para los funcionarios (sobre todo presumiblemente los que quieren «urbanizarlo» —este es el término que utilizan—) es un espacio comunitario. (Como si no fuera igual de grave dejar a una comunidad —o más en este caso— privados de un espacio comunitario como de un espacio verde). [1]

Pero lo cierto de esta esta parafernalia del traslado de la Pista de Atletismo para unificar los dispositivos y equipamientos para realizar actividades deportivas es sólo una pantalla para tapar el verdadero motivo de esta iniciativa. Eso sin sumarle el hecho de que el proyecto del Polideportivo en el lugar del actual Camping Municipal es una idea que viene desde los tiempos del gobierno de Dacci en la época de la Dictadura, momento en el cual se expulsó a las personas que residían allí y se las expulsó a 5km del centro de la ciudad, a un lugar sin ningún servicio de agua potable, de cloaca, ni calles asfaltadas o mejoradas, lo que de alguna forma fue una manera de aislar lo que las clases pudientes de la sociedad reconquistense de los fines de los setenta comienzo de los ochenta consideraban indeseable para construir un gran polideportivo.

Hoy, la construcción del Polideportivo se quiere realizar a través de la privación de un espacio público comunitario a las personas de —por lo menos— dos barrios de la ciudad, con el agravante de que entre líneas se deja traslucir un millonario negocio inmobiliario. ¿Serán nuestros concejales cómplices una vez más de los especuladores inmobiliarios como lo fueron anteriormente con la demolición del edificio histórico de la vieja Escuela Comercio, o de la famosa Villa Margarita? Sin duda, se encuentran en la disyuntiva de una decisión histórica decisiva: o bien, representar la voluntad de los ciudadanos, o bien, representar los intereses del gran Capital, encarnados en la figura de los ruines especuladores financieros. Alea jacta est.[2]

Referencias bibliográficas:

Badiou, A. (2009). Compendio de metapolítica. (J. M. Spinelli, Trad.) Buenos Aires: Prometeo.

Nuevo Tutor: Diccionario enciclopédico ilustrado (Segunda ed., Vol. II). (1987). Buenos Aires, Argentina: Editorial Epuyen S.R.L. Recuperado el 31 de Mayo de 2020.

Proyecto de ordenanza [Traslado Pista de Atletismo], 196/20 (Honorable Concejo Municipal de la Ciudad de Reconquista, Santa Fe 27 de Mayo de 2020). Recuperado el 29 de Mayo de 2020.

Notas:  

[1] Sin mordaza (2020). Se conoció el anteproyecto de traslado de la pista de atletismo. En: https://sinmordaza.com/noticia/846604-se-conocio-el-ante-proyecto-de-traslado-de-la-de-atletismo.html[en línea]. Recuperado el 28 de mayo de 2020.

[2] «La suerte está echada», adagio latino que Sutonio adjudica a Julio César luego de que éste se decide cruzar el río Rubicón y  que «se emplea para  referirse a una decisión extrema que se adopta después de haber meditado mucho. (Cf. “Alea jacta est” en: Nuevo Tutor: Diccionario enciclopédico ilustrado, 1987, pág. 1147).

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