noviembre 27, 2022
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JUGUEMOS A LA DEMOCRACIA MIENTRAS LA POLÍTICA NO ESTÁ

Si se concibe este tiempo de campaña como un proceso, se podrá tener —a esta altura— la impresión de que está en su momento de clímax, en el cual, se vuelve cada vez más invasivo y violento por el vértigo que le imprime la propaganda política de los precandidatos de los partidos patronales,  a través de la prensa, escrita, radial y televisiva, cómplice de estos partidos.

 

 

[El sintagma: «Pertenezco a un proyecto»]

Los precandidatos y precandidatas se dedican a enunciar mediáticamente sus propuestas, y algunos se jactan de «ser parte de un proyecto». De hecho, este proyecto no se sabe bien cuál será. Uno —aunque ya esté cansado de tratar de leer entre líneas— puede ver que a lo que se refieren estos precandidatos/as es a una serie de medidas que se fueron implementando casi azarosamente, o que son parte de planes o planificaciones que fueron concebidas durante el transcurso de la gestión, y no, necesariamente, como lo hacen creer, en un momento anterior de la misma. A juzgar por los hechos, en ese tan mentado proyecto implícito del que se habla en las campañas de los partidos patronales (como el socialismo, el peronismo o pejotismo, el radicalismo, el PRO que es sin ismo, pero que no importa, porque estos partidos están subordinados a un «ismo» mayor que es el Capitalismo), hay, sin duda, una brecha que separa al «proyecto-del-discurso» del «proyecto-real» llevado a cabo efectivamente. Del proyecto que se jactan, por ejemplo, los socialistas, es el primero de estos, es decir, del que se basa en aquello que sólo dicen —porque de hecho, aún no lo hicieron— que van a hacer. Por eso es un proyecto, pero un proyecto es una cosa que, como bien sabía Sartre, es una pasión inútil, pues está abocado al fracaso. De hecho, si uno piensa en el proyecto del Hospital de Reconquista, del cual la propaganda socialista no se cansa de decir que ya está hecho, es evidente que nunca se concretó. O, para ser coherente con lo que estoy diciendo, habría que afirmar: sí, es cierto, el proyecto existe: lo que no existe es el hospital. Todavía éste no se concretó de la manera en que estaba proyectado, ni en el tiempo proyectado. Por lo tanto, fracasó de acuerdo con esos parámetros. El socialismo es, como dice Sartre, en este sentido, «una pasión inútil»

 

[La sociedad no existe]

Hay otro supuesto del que suelen jactarse los precandidatos de los partidos patronales: el de que ellos representan los intereses de toda la sociedad. Sería deseable que así fuera, salvo que, en realidad, hay dos cuestiones a tener en cuenta. Primero, que la sociedad, como entidad homogénea y armónica, con intereses comunes, no existe. En verdad, lo que se llama «la sociedad», estuvo siempre dividida. Incluso, existen estudios antropológicos, como por ejemplo, los de Lévi-Strauss, que demuestran que las sociedades duales —es decir, divididas— existen efectivamente. Pero, como en toda situación dual, la percepción o la intuición de esa división, es distinta de acuerdo con el lugar que ocupe en esa sociedad —o en ese ordenamiento social— el sujeto que juzga. Así que, en este sentido, sería pertinente que se explicite a cuál de los intereses de esa sociedad escindida en distintos grupos representan estos precandidatos. Obviamente, no hay que caer en el error de creer en que la procedencia socio-económica de un precandidato se relaciona directamente con su posicionamiento político. De hecho, no es así, nada garantiza que, por ejemplo, un candidato de procedencia «humilde», represente los intereses de las clases humildes. Žižek, en un documental muy instructivo a este respecto, —La guía perversa de la ideología— afirma que el individuo pobre que delinque, no es un individuo que estaría ajeno a la ideología dominante, sino que por lo general está más sumido en esa ideología. Por ejemplo, en una sociedad como la nuestra, que bombardea constantemente con incitaciones al consumo y a la propiedad, el que delinque lo hace porque quiere ser parte de esa sociedad, y poseer esos bienes que el mercado consumista propone. De igual manera, los precandidatos de procedencia socioeconómica humilde, no necesariamente tienen una ideología que se adecúa con su condición, ni con los intereses de esa clase. Más allá de lo discutible de esta cuestión, lo que me parece que en esencia plantea Žižek es la existencia de esa brecha que separa lo discursivo de lo real, lo que se piensa-dice, de lo que efectivamente se vive. Así, esta brecha, es la que hace imposible que se puede decir que se representa los intereses de una clase, por más que uno pertenezca a esa clase. No obstante, independientemente de la procedencia socioeconómica, es el posicionamiento político subjetivo el que define cuál de los intereses serán defendidos por el individuo o sujeto en cuestión.
En resumen, es imposible representar los intereses de la sociedad en su conjunto, o, como se suele decir, «el bien común», porque no existe tal cosa; ni tampoco existe ese todo homogéneo con intereses comunes al que los políticos llaman sociedad.

 

 

[El lazo social y la desligazón política]

Sin embargo, es necesario aquí hacer justicia de las políticas de izquierda, que desde su origen, no se basan en el lazo social, sino en la desligazón, causada por la brecha que separa los intereses de los grandes capitalistas y el pueblo obrero trabajador, que existe en el todo dual de la sociedad. De hecho, los partidos de izquierda son los únicos realmente universales, porque, como dijo el mismo Marx, al tener en cuenta o representar los intereses de la clase obrera, representan a su vez la de todas las clases que sufren las injusticias de las clases dominantes. Por lo tanto, la izquierda es la única política con vocación realmente universal.

 

[La política como ausencia]

Lo que no se nos debe pasar por alto, en las actuales elecciones, tanto en las PASO como en las SASO, es que lo que falta en ellas, es la política misma. Esto me lleva a pensar que, no es casual que en nuestra ciudad, los lugares políticos estén ya pre-codificados, es decir, ya se sabe o se intuye de antemano, de acuerdo con la intensidad con que un candidato o precandidato nos ha sido inculcado a través del bombardeo mediático, quién es el que tiene chances de ganar —y evidentemente, quienes sabemos que existen otros precandidatos o candidatos que no se los nombre nunca en los medios, que ellos no van a ganar o que no tienen chances—. Esto, sin duda, es una estafa a la democracia de la que tanto les gusta jactarse a nuestros funcionarios. De hecho, se nos ha hecho creer que lo opuesto a la democracia es el totalitarismo (acá le llaman «dictadura»), siendo que en realidad, la democracia misma, planteada como está, tiene en su esencia —como dijera Marx «el germen de su destrucción». Es decir, lo verdaderamente opuesto a la democracia no es el totalitarismo como sistema político externo a ésta, sino la burocracia, que de hecho es inmanente a la democracia misma y es una consecuencia de esta forma de gobierno.

 

 

La forma más sutil de dominación y de opresión de los sistemas políticos llamados democracia se basa en la forma burocrática de gestión y de administración. La burocracia consiste, justamente, en hacer un montón de cosas para no hacer realmente nada. Se hacen todos los trámites para, supuestamente, solucionar un problema; pero lo que realmente sucede, es que se posterga lo más posible la solución real y efectiva. Este es otro caso analizado en el documental más arriba mencionado de Žižek, donde muestra claramente que el peor crimen contra la burocracia es que las cosas se hagan efectiva y directamente, que los problemas se arreglen sin todas las vueltas y papeleos inútiles a los que nos obliga la burocracia estatal. De hecho, como dijo Badiou, el Estado no piensa. Y, efectivamente, en tanto entidad burocrática, el Estado no lo hace. La política burguesa se basa en esta forma de gestión. En ella, por lo tanto, la verdadera política está ausente: se necesita poder pensar para llevar a cabo una política. Pensar implica la acción concreta, efectiva, sustantiva, real, para solucionar un determinado problema. De eso es de lo que carecen todos los partidos patronales y los que nos gobiernan, desde el PRO hasta el socialismo, el radicalismo y el peronismo ecléctico. Y la mayoría de los partidos nuevos pequeños que funcionan como colectoras de los grandes partidos tradicionales, que históricamente ya han fracasado. Por lo tanto, parafraseando al Marqués de Sade, se puede decir: «¡Reconquistenses, un esfuercito más si quieren ser ciudadanos!».

 

 

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