«LOS VERDADEROS DELINCUENTES SON LOS MISMOS EMPRESARIOS»

«LOS VERDADEROS DELINCUENTES SON LOS MISMOS EMPRESARIOS»

Según el filósofo Slavoj Žižek los discursos tienen un reverso obsceno cuya identificación es una de las funciones de los filósofos. Aquí, se les ofrece un pequeño ejemplo de cómo opera esta inversión de un discurso oficial que deja en evidencia su reverso obsceno y termina tiñendo una situación trágica en otra casi de signo contrario, es decir, cómica. Eso no quita lo canallesco de las declaraciones del empresario que las realizó. Pero, sí, le da el sabor dulce de una venganza que se da en un plano que el canalla no puede ni siquiera imaginar en el momento en el que emite su declaración: el del inconsciente, que desde Freud, sabemos que no hace sino que insistir en traer a la luz la verdad de lo que está social e individualmente reprimido.

En una entrevista que salió en estos días por un medio radial de nuestra ciudad, un representante del Centro Industrial y Comercial se manifestó a raíz del corte en la entrada del predio del Parque Industrial Reconquista que realizaron los trabajadores textiles como medida de su lucha salarial.

Este empresario manifestó su enojo ante este medida y afirmó además que no era posible que se tenga que parar toda la producción de las empresas «por veinte delincuentes» que decidieron cortar la entrada a los camiones que llevan los insumos a las empresas radicadas en el Parque.

Aquí, no hace falta aclarar que la declaración en los medios de este empresario (que, por cierto, desconozco su nombre) es, evidentemente, una canallada a todas voces.

Sin embargo, hay que señalar que algo curioso sucedió luego de todo esto: De repente, y como por arte de magia, el discurso de este canalla empresario se dio vuelta como un guante y cambió su dirección; y ya no se refería verdaderamente a los obreros en lucha, a pesar de sus claras intenciones, sino a los verdaderos delincuentes, los CEOs que componen el gabinete de la dirección de la empresa Vicentín.

En otras palabras, algo sucedió en el transcurso de la alocución de este empresario que hizo que la referencia de su discurso se desviara, se distorsionara y termine haciendo alusión a aquellos a los que en principio quizá aquel quería beneficiar. ¿Qué fue, entonces, lo que sucedió?

Ahora bien, que palabras nos traicionen es algo que sucede a menudo. Y por lo general suele tener efectos cómicos para un observador imparcial (o parcial), y de hecho, en este caso, el empresario pasó en pocos segundos a ser burlado por sus propias palabras: o sea, de ser un serio y respetado empresario a ser un cómico inconsciente, (y eso por no decir en un lamentable payaso frustrado. Pero, no lo digo, para no ofender a los payasos, que son figuras respetables dentro del ámbito artístico).

Para explicarlo, podemos apelar a un instructivo análisis que realiza Žižek (2005) sobre lo que este autor denomina «el reverso obsceno de la Ley».[i] Es más, en otro lugar, que no recuerdo en este momento, Žižek afirma también que la función del filósofo es identificar este reverso obsceno de los discurso oficiales y hacerlo evidente, sacarlo a la luz.

Este reveso obsceno no es otra cosa que aquello que nuestros discursos dicen sin que nosotros tengamos consciencia de lo que estamos verdaderamente diciendo. Por ejemplo, en el caso de este empresario, «los veinte delincuentes» no podían ser obviamente los trabajadores de la Algodonera, ya que estos son mucho más que veinte.

Con la alocución «veinte delincuentes» hace alusión a un grupo claramente más reducido de personas, por lo cual, por desplazamiento de representaciones, podríamos conjeturar que en realidad se refería al grupo directivo de Vicentin, que son en realidad los verdaderos responsables de lo que estaba sucediendo.

Y como el inconsciente es como un Dios paulino (que no hace acepción de personas, sino que sólo manifiesta la verdad de lo que sucede); y, además, como el enojo del empresario no debería ir dirigido a los trabajadores que luchan, sino a los verdaderos responsables (que venían frustrando las negociaciones con los trabajadores con sus reiteradas ausencias a las audiencias conciliatorias), y por una suerte de cambio de enfoque donde el fondo pasó a ser figura y la figura fondo, el discurso del empresario se direccionó hacia donde debía haberse direccionado desde un principio.

O sea, para no extenderme más con esta escena cómica (o tragicómica, como prefieran), los verdaderos delincuentes no son los trabajadores, sino los CEOs de la empresa Vicentin. Y espero que la opinión pública que se genera a través de la opinión publicada a través de los medios, lo tenga tan claro como lo tiene el nunca bien ponderado inconsciente. Si no, habrá que estar atento a lo que sucede (lo que también es, dicho sea de paso, una función de los filósofos).

La moraleja de este caso podría resumirse en la siguiente máxima de inspiración lacaniana: «Tened cuidado con vuestras palabras» (pues, a veces pueden terminar diciendo lo contrario a lo que queríamos decir con ellas).

Notas:

[i] Cf. Žižek, S. (2005). Del amor a la ley y viceversa. (Cap. 4), en Žižek, S. El títere y el enano: El núcleo perverso del cristianismo. Buenos Aires: Paidós, pp. 149-165.

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