agosto 17, 2022
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PALABRAS Y EDIFICIOS

Es un edificio de veras antiguo, de estilo romántico italianizante (estilo de fines del siglo 19), que está bien conservado, pero si miramos bien, da la impresión de que el tiempo estuviera socavándolo por dentro y por fuera, de un modo cruel e irrevocable, que el tiempo y la apatía le robaron el brillo de sus años de gloria. El edificio y el patio pertenecen a la vieja y conocida “Sociedad Italiana”, una sociedad que no acerca ni reproduce costumbres ni cultura del pueblo del gran Dante, tampoco representa como es debido a esa gran colectividad que heroicamente escapó del hambre, la peste y las barricadas de la muerte desde 1880 hasta 1954. Es imposible que las cosas cambien: hoy dicha sociedad tiene poco y nada que ver con sus orígenes y objetivos fundacionales y nada de lo italiano se advierte en este gran predio. (Apenas una pared en donde aparecen pintadas las banderas italiana y argentina, y un monolito en honor a Garibaldi– el que está a la vista de todos y sin embargo parece  invisible debido al lento vértigo de cada día.)

Respecto a la parte de atrás de la Sociedad, todos los  sábados por la noche – desde fines de los ‘70 hasta mediados de los ’80 –se celebraban bailes al son de viejas canciones de Los Iracundos, Zas y Virus. Terminaron los ’80, cae el muro de Berlín y el mundo gira 180°. Comienza la década de los ’90 y este lugar deja de ser un punto de encuentro de bailes y esparcimiento de fines de semana. Son años de apertura, de flexibilización laboral, de las AFJP,  y de viajes por el mundo.  La ciudad como cualquier otra se transforma, parece modernizarse, cobrar otros atributos, crecer demográficamente, presentar variaciones comerciales, económicas y sociales. En estos años de fiebre, alguien tiene una idea y además el capital a invertir.

En el patio de atrás de la Sociedad, en un terreno quizá algo estrecho, construyen un puñado de habitaciones bastante económicas y apretujadas, con pasillos y baños. El negocio está pensado de antemano y es redondo. Es entonces a principios de aquella década que se funda la escuela privada que porta el nombre del autor de “La Divina Comedia“. Aún hoy, es un lugar semi-apartado del predio de la sociedad y del comedor, no es un edificio estético ni mucho menos pomposo, pero estará destinado a una escuela privada en donde se supone asistirán pequeños que cursan el preescolar y  la escuela primaria. El patio será compartido con un comedor que pasaba ya por entonces cenas-shows.

Es curioso para muchos saber que la gente paga para que sus chicos en los recreos jueguen y practiquen gimnasia pateando (práctica-metafóricamente) costillas de asado de la noche anterior, en el viejo embaldosado ya gris por falta de mantenimiento, engrasado por comensales descuidados con restos de asados, milanesas a la napolitana, engrasado por generosas porciones de ensalada rusa y porqué no, por el aceite de oliva y el vinagre de ensaladas de remolacha, lechuga y huevo. Irónicamente, todas comidas populares.

Y aquí está la cuestión… en definitiva, esta escuela de enseñanza privada reproduce a su manera la cultura de los “comedores escolares, ”los que tristemente son más y más numerosos en este país en vías de desarrollo, y en donde cuadernos y crayones se mezclan forzosamente con platos, tenedores y cucharas.

Hoy 11 de setiembre, en vísperas de la llegada de la primavera, muchos se preguntan qué es lo que atrae a determinado sector de la población a asistir a una escuela privada; cuáles son los incentivos y costos para sostener ciertas transgresiones en materia de edificios escolares; cuáles son las faltas de ortografía que podemos reportar en el cartel donde se anuncian los menús del día. Todo esto demuestra la calidad de la enseñanza privada, la calidad de “la verdadera enseñanza” que los usuarios tienen a mano y por la cual vale pagar; a la calidad y la enseñanza; a la enseñanza en sí; al aprendizaje frente a estos fenómenos sociales, y al hecho de consumir lo privado y no lo público.

 

(Muchos dicen que las faltas de ortografía hoy se deben no al excesivo uso de tecnología sino a un sistema educativo general que se lamenta en no cumplir con su verdadero rol.)

 

Por Bodoni Jr.

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