diciembre 01, 2022
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¿Qué tienen los pobres en la cabeza?

Hace unos meses atrás tuve que ir al trabajo en colectivo, siembre voy en subte pero ese día no había subte; como no estoy acostumbrado a viajar en colectivo a esa hora, el viaje me llamó más la atención que la mayoría, incluso cuando subí al colectivo me dije sorprendido: hace un montón que no viajo en colectivo.

En el viaje vi una situación que me dejó pensando todo el día: vi como corrían a un ladrón que al parecer le robó el celular a una señora, todos los comerciantes salieron a mirar, el colectivo se detuvo en la esquina para respetar el semáforo, desde allí se pudo escuchar como todos trataban de impedir aquel suceso, mucha gente se asoció automáticamente en contra del hecho delictivo del robo. El colectivo arrancó, los sucesos llamaron la atención de todos, se escuchó a la gente que estaba viajando conmigo hablar sobre el tema, por ahí unos decían: “como puede ser que permitamos esto”, “estamos cada vez peor”, “habría que matarlos a todos eso”. Y un montón de frases más; cada uno daba su opinión, desde el saber, desde el prejuicio, desde la ignorancia, desde distintos lugares. Sin embargo eso a mí, por lo menos en aquel momento no me importaba, a mi me pasaba que me sorprendía la diferencia entre viajar en subte y en colectivo.

Todos los problemas sociales que nosotros tenemos están en todos lados, pero en algunos resaltan mas unos que otros, en el subte el problema no es el robo, sino el acoso, es el lugar idóneo para el acosos, las puertas se abren y cierran rápido, la gente se amontona hasta más no poder, todo toqueteo puede ser más o menos a propósito y más o menos sin querer. Afuera en el colectivo, me lo había olvidado, se viven otras cosas.

Fui al trabajo, del trabajo al profesorado, todo como es de costumbre; una vez volviendo a mi casa pude volver a prestarle atención a ese hecho, hecho que me estuvo esperando todo el día en mi cabeza, (gustos son gustos, yo me entretengo con estas cosas). En el camino de regreso siempre cruzo por Avenida Belgrano y Pasco, ahí hay una iglesia, y siempre hay pobres durmiendo entre sus puertas y escalinatas, muchas veces pase por ahí, muchas veces pensé en la gente que estaba ahí.

Esta vez el contraste repentino que me hizo ver mi viaje por colectivo, produjo un cambio en la repetición de mis pensamientos, pasé por avenida Belgrano y Pasco, como siempre, y viendo lo mismo de siempre, me empecé a imaginar que así como la gente salió a defenderse, salió a asociarse en contra un delito tan simple como un robo, que tal vez fue de una cartera o celular; toda la gente se agrupaba alrededor de la iglesia protestando, opinando con prejuicios, creencias, saberes, con lo que sea, pero al menos produciendo una acción que desde el sentido común decía: esto así no es. Del mismo modo que en el subte, se levantan propagandas educativas para erradicar el acoso y la violencia y como la gente incluso apretujada intenta dialogar para que ello ya no suceda más; me imaginaba que todos, cada vez que veían un pobre, alguien durmiendo en la calle salía, de una u de otra manera a tratar de erradicar eso.

Entonces por fin había dado con algún pensamiento que me quite el día de encima: nosotros tenemos tan naturalizada la pobreza que ya ni siquiera la vemos, vemos nada más que sus consecuencias. Durante varias semanas me pasé tratando de explicarme este suceso, la explicación es sencilla, de hecho es esta, no hay otra, sin embargo, hay un intrincado laberinto que hace que las cosas sean así, hay un montón de relaciones, de valores, de creencias, hay algo que hace que sea así, eso trataba de explicarme, no para el mundo sino al menos, para empezar, para mí no mas, casi como siempre.

Abandoné la tarea y se me pasó al olvido, me quedó pendiente, hasta que me encontré con este vídeo:

 

Por Fernando Cabrera

Imagen Original: www.larazon.es

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