noviembre 26, 2022
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Sobre Ladrilleros, de Selva Almada

Muy pocas veces ocurre que un libro haga recordar un conjunto determinado de libros leídos en ciertas épocas ya vividas. Ladrilleros me hizo rememorar lo que yo leía a principios de los 2000: El Astillero y Junta cadáveres de Juan Carlos Onetti, Allá en tu aldea de Cesare Pavese, Washington Square de Henry James… la dulce prosa entrañable de una época de verdadera crisis social, de imágenes de desolación en calles vacías y de manifestaciones en las calles, pero más que nada, de economías, vidas e ilusiones rotas. Aquellos fueron años que nadie olvidará en tanto viva, años de quiebre, años-bisagra para un nuevo orden, los que viví en compañía de libros como los arriba mencionados. Pero me surge esta duda: siendo que la lectura implica transformación, ¿por qué ocurre que estos me remitan en cambio a años pasados?

Ladrilleros es un libro que ha traído aire fresco a la literatura de esta región, o al menos, a mis lecturas. Creo que (al igual que los libros de Marcos Apolo Benítez y Mariano Quirós) Almada ha recreado con una pincelada de drama y arte, al agreste, espinoso y reseco paisaje chaqueño. Una gran novela breve que trata sobre el odio entre dos familias, y la escalada hasta el instante previo a la muerte de Pajarito Tamai y Marciano Miranda.

Me conmovieron más que nada esas pocas páginas, esos breves capítulos, donde se describe la percepción (alterada y casi surrealista) de quien agoniza: la luz blanca del parque, las sillas vistas desde abajo y los hierros curvos de la noria. La novela está escrita con un estilo condensado, visual y conmovedor, menos parecido a las novelas de Carlos Fuentes que a ciertas imágenes de EntertheVoid o Irreversible de Gaspar Noé.

Me parece oportuno aquí recordar un caso similar recreado en Abril quebrado, la novela de Ismail Kadaré, que Yoyi Pagano me recomendó leer allá por el 2006. Una novela en la que el principal protagonista es el Kanun: el código de venganza ancestral que rige actualmente en el norte de Albania y que data del Siglo 15. En aquellos lares el derramamiento de sangre es una ley y la sangre nunca queda sin vengar.

Este libro me lleva a pensar que Ladrilleros es una obra antropológicamente rica, pues recrea la vida rural en el interior de una provincia, nos hace percibir el viento norte, los caminos desiertos y polvorientos, las nubes de mosquitos y jejenes que emergen sobre el pastizal cuando atardece. Nosotros estamos ahí mientras la leemos. Pero también allí baila, muda, la venganza como principal protagonista, con sus viejos rencores, con sus códigos actuados pero nunca expresados. Las elipsis potencian la trama,  y, tal como B. Malinowski explica en Crimen y Costumbre en la sociedad salvaje, hay tradiciones inmemoriales, las que hoy en el sistema jurídico actual, resultan ser delitos.

Dentro de la novela, las fuerzas actuantes que leemos en sus páginas son promovidas por personajes antagónicos pero también por leyes contrarias entre sí: “matar” es ejecutar una ley, una imposición, pero en el sentido contrario, significa también el quebrantamiento del orden, significa (valga la distinción) “asesinar”. Con este crimen se marca el final de la historia, historia que será narrada como una evocación, años previos al siniestro: dos amigos que dejaron de serlo por causas familiares.

 

Por Andrés Ugueruaga

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