agosto 08, 2022
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Un tsunami feminista tomó Chile

Un tsunami feminista ganó fuerza como respuesta positiva a las tomas universitarias demandando el fin del acoso y la violencia de género.

Por Sabrina Aquinobrasileña radicada en Chile, titulada en Historia, y encargada el  equipo feminista de Nueva Democracia.   

 

En Chile, mayo fue tomado por el color morado. Eso se debe a un verdadero tsunami feminista que tomó la discusión pública en el país y ganó los medios de comunicación, como respuesta positiva a la fuerza de las tomas de las universidades por colectivos feministas de dentro y fuera del movimiento estudiantil, en denuncia a los casos de violencia sexista y también para demandar el fin del  encubrimiento institucional a los acosadores por parte de las Rectorías, de los acosos y abusos que supera a 100 denuncias por año en las universidades chilenas, además de mejoras en los mecanismos para denuncias y celeridad en los procesos.

Las primeras tomas surgieron día 17 de abril en la Facultad de Humanidades de la “Universidad Austral” (UACH), en Valdivia, y luego otros departamentos fueron sumándose a las reivindicaciones. En seguida, otras sedes de la misma Universidad se sumaron y añadieron un total de 35 cursos en huelga estudiantil. Juntamente con las organizaciones feministas paralelas a las federaciones estudiantiles, las #TomasFeministas generaron una petición única en solidaridad a las compañeras de Valdivia.

Rápidamente las acciones de apoyo articuladas a otras universidades fueron ganando peso y en el día 27 de abril sumase a la huelga la facultad de Derecho de la Universidad de Chile (Santiago). Las alumnas eligieron vocerías, empezaron a trabajar líneas políticas y una petición con las exigencias fue definida en asamblea. Entre las demandas, la exigencia de la retirada del académico Carlos Carmona, denunciado por abusar de una de las alumnas del curso.

Las asambleas feministas instauradas en las tomas se amplían, van tomando forma y consistencia política. Se exige que la violencia de género sea mirada como un fenómeno estructural, y que el abordaje no sea meramente punitivista – esto es: existe un intenso debate sobre política educacional estructural, con apoyo de académicas, pero también enfrenta la nariz torcida de otras figuras del medio.

El descontentamiento y la rabia en contra la violencia de género  se convierten en debate nacional porque las feministas ocuparon y paralizaron más de 35 universidades al largo de todo Chile. En reuniones entre ministros, paneles de especialistas en el tema “género y feminismo” en la televisión, los medios de comunicación de radio y televisión abierta, grupos de amigos, en la mesa de almuerzo de domingo: solo se habla en feminismo. Los movimientos universitario y secundario consiguieron llevar la discusión para dentro de las casas de las familias chilenas, un país explícitamente conservador, al paralizar las funciones de las universidades y algunas escuelas para exigir protocolos para sancionar el abuso y el acoso de miembros de la comunidad estudiantil. Luego en seguida, en las asambleas generadas en las ocupaciones, se levanta la percepción de que la lucha tenía que ser por algo más profundo, para transformar la cadena de reproducción de la violencia y exigir una educación no sexista y verdaderamente igualitaria.

 

En líneas generales, las ocupaciones feministas en sus demandas vienen exigiendo cosas como formación en la comunidad académica con perspectiva de género, medidas de prevención, fortalecimiento de los mecanismos establecidos, eliminación de los conflictos de interés, respeto a la identidades de género y los nombres sociales, más bibliografía compuesta por mujeres, el fin de las carreras separadas para mujeres y para hombres, la modificación de los planes curriculares para incorporar cursos obligatorios con enfoque feminista, cursos de capacitación para profesores y trabajadores con enfoque de género y diversidad sexual, protocolos de fácil acceso, más mujeres en cargos de liderazgo, ambiente que asegure condiciones para madres estudiantes y trabajadoras.   

La respuesta a la articulación de los movimientos estudiantiles feministas, sin duda, transmitió un cuestionamiento importante a todas las mujeres chilenas. La violencia sexual es parte del cotidiano en los lugares de trabajo, en la casa, en la calle. La masividad de esta movilización claramente no es casual, y sin duda es una continuidad de un proceso de las luchas feministas de otras épocas y frentes, sumándose a la jóvenes que vienen cada día más ganando fuerza y reconocimiento, no solamente en los espacios académicos, y apropiándose de las discusiones cotidianas, instaurando la necesidad de un cambio en el cerne de las representaciones culturales de masa y también en la disputa política. En la elección presidencial de 2017 la coalición partidaria “Frente Amplio”, que se instaló como la tercer fuerza política nacional,  fue representada por una candidata que se declaró feminista, Beatriz Sánchez, que presentó un programa de gobierno construido por propuestas venidas de asambleas ciudadanas que se desplegó en todo el territorio nacional, con dinámicas y marco metodológico feministas. Se suma a esa trayectoria actual la crítica sobre el carácter de la educación neoliberal chilena, que viene siendo foco importante de la actividad política del movimiento social estudiantil desde la Revolución Pingüina del 2006, y las revueltas del movimiento estudiantil del 2011.

Tomando esa historia de un pasado de luchas recientes, las feministas sabiamente cuestionan la división sexual y reproductiva del trabajo perpetradas por las instituciones, y así, cuestionan directamente la sociedad dividida en clases, teniendo el sistema educacional como su principal agente, que condiciona y reserva roles de género bien definidos: reproducción y cuidados, en lo que se refiere a la vida privada para las mujeres, siendo el lugar público y el éxito financiero, como la meta de vida para los hombres. Así, la “Ola Feminista” en Chile se levanta cuestionando el modelo de educación que hoy es sexista, exigiendo que el ingreso sea universal y gratuito, para derrumbar una sociedad que necesita los padrones cis/hetero normativos para sostener el poder patriarcal capitalista.   

 

El movimiento ganó las calles. En el día 16 de mayo la CONFECH (Confederación de los Estudiantes del Chile) convoca una marcha nacional para exigir Educación no sexista y reúne aproximadamente 100 mil personas en las calles de Santiago, además de otros miles en diversas ciudades por todo el país. La convocatoria fue exitosa, y mediante la presión el presidente Sebastián Piñera respondió públicamente a las manifestaciones, ciertamente viéndose acusado. Piñera y sus ministros rápidamente sacan del bolsillo lo que llamaron “Agenda Mujer“, que recurre insatisfacciones que hasta poco tiempo este propio gobierno negaba responder. No obstante, mantiene intactos los roles de género que nos hace “responsables naturales” por la casa, hijos, familia y cuidados. Roles de género que se expresan fuertemente en carreras profesionales (profesoras, enfermeras, empleadas domésticas, etc), en trabajos “para mujeres”, menos valorados, y que justifica y profundiza la feminización de la pobreza. En secuencia a esta declaración paternalista (Piñera se refiere a la población femenina de Chile como “nuestras mujeres” en su pronunciamiento), mujeres que componen su gobierno de derecha empiezan a declararse feministas, con un discurso coordinado, dando a entender que “el feminismo es transversal y no posee ideología”.

Nosotras, las feministas anticapitalistas, continuamos resistiendo en ocupaciones y en las calles, convocando asambleas de mujeres y disidencia sexuales, instaurando nuestras líneas políticas contra-hegemónicas. Ciertamente al presentar sus propuestas, el actual presidente incitó aún más la disputa de narrativas que ya se había instaurado en los medios de comunicación y en la academia, y trató de colocarnos en jeque presentando sus “soluciones institucionales para acabar con la desigualdad”. El problema real de la agenda del gobierno es traer propuestas de leyes antiguas con enfoque en “género”, que su propio partido y coalición de derecha vetaron muchas veces cuando oposición, y descaradamente presenta hoy tales ideas como si fuera novedad, sin responder a ninguna de las reivindicaciones feministas.

Claramente es un intento de deslegitimar el movimiento feminista ante la opinión pública y vaciar las calles, como quien dice: “presenté soluciones, continúan tomando las universidades porque son intolerantes y les gustan el desorden”.

No obstante, seguimos, aunque lamentablemente se van desgastando y bajando el número de tomas a la medida en que el tiempo pasa, pues aumentan el frío y la represión. Continuamos presionando y convocando a las calles, porque lo que queremos no cabe en las pastas de los gobiernos, mucho menos en un gobierno de derecha. Mientras tanto, el gobierno se pregunta “¿qué quieren?”.

Bueno, ahora que estamos juntas, ahora que sí nos ven, gritamos: abajo el patriarcado, que va caer va caer. ¡Arriba el feminismo, que va vencer que va vencer!

Fotos: Agencia Uno Chile

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